‘ Perros en danza ’ , desnudo de toda una generación.

Por: María Page Arias. Crítica a Perros en danza: Intrahistorias de la República y la Guerra.

Cuando se junta el amor por el teatro, la historia de un país, un magnífico elenco y una extraordinaria dirección, se produce una combustión de sentimientos dentro del espectador que pocos podemos describir.

Perros en danza, escrita por María Velasco, nos trae una recopilación de crudas escenas cargadas de realidad sobre la Guerra Civil. Un antes, un entonces y un después, de ese crudo y despiadado hecho histórico salpimentado con puntos satíricos que hacen sacar varias sonrisas durante la obra. La directora, Ana Cavilla, consigue que seamos espectadores de distintas historias de valientes y cobardes que vivieron la guerra en sus propias carnes. Personajes con gran peso simbólico que no sólo representan la lucha por la libertad ideológica, religiosa o sexual, sino que consiguen que empaticemos con cada uno de ellos. Nada hubiera sido lo mismo sin la interpretación de Itziar Cabello, Salomé Redondo, Susana Álvarez, Roberto Morales, Lucía González, Karlos Aurrekoetxea, Ricardo Keegan, Mercedes Mayo, Manuel Enríquez y Jesús Calvo.

Uno de los aspectos más llamativos de esta obra, es la consecución de diferentes escenas en distintito lugar y tiempo. No llega a recordar a Historia de una escalera, pero sí nos da una perspectiva espaciada de cómo se desarrollaron las distintas etapas de la guerra, gracias a una iluminación selectiva y dinámica de la mano de Paloma Cavilla. La atención se centra en diversos puntos del escenario cada uno de ellos con un estudiado y fugaz cambio de escenografía y vestuario a mano de Mfe y la ya nombrada Paloma Cavilla, que hace que el espectador siempre esté dispuesto a introducirse en nuevas historias.

Este tipo de representaciones cumplen con la necesidad de mostrar lo que ocurrió en este país hace poco más de ochenta años. Una verdad que, año tras año, el poder y las instituciones se niegan a reconocer y, es por ello, espacios como Nave73 se convierten en escaparates de este tipo de demostraciones culturales fuera de los parámetros estipulados. En muchas ocasiones tenemos que acudir a pequeñas salas independientes para poder ver un teatro diferente, crítico y con conciencia de clase. Esto hace plantearnos la siguiente cuestión, ¿sería necesario una verdadera oferta teatral por y para y el pueblo?, lo que nos lleva a la siguiente duda, ¿quién debería ofrecer tal oferta?

Es evidente que si queremos que representaciones como Perros en danza, llegue a un público más allá de jóvenes estudiantes de teatro, compañeros de los mismos y activistas, tenemos que plantearnos la creación de una red de salas que apoyen e impulsen la difusión de este tipo de contenidos. No sólo en céntricos espacios snobs, o retiradas universidades. Hemos de centrarnos en la importancia de salas en barrios, las cuales sean cercanas a vecinas y vecinos y accesibles a todos los bolsillos. Y por supuesto, que cuenten con el respaldo de los distintos organismos y organizaciones. En especial de aquellos y aquellas que prometieron un verdadero cambio, en el que también estaba incluido un cambio en la oferta cultural.

Es por ello que hemos de seguir luchando para que todo este talento y genialidad no se quede encerrada en pequeños espacios sin oxígeno, sino que recorra punta a punta nuestras ciudades, mostrando su capacidad creadora y la memoria colectiva de todo un país.

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