Una escisión en el Omonia de Nicosia reabre el debate entre fútbol popular Vs fútbol moderno.

Por: Roberto Barrios. El Omonoia de  Nicosia (Chipre) ha sido siempre uno de los referentes del fútbol antifascista. Junto al Livorno en Italia, el St Pauli en Alemania, o el Rayo Vallecano en Madrid (entre otros muchos ejemplos) ha sido uno de esos equipos populares, con gradas que combaten las ideas racistas y se oponen al llamado y odiado “fútbol moderno

Pero la situación se ha vuelto inestable desde que en 2011 ha estado al borde de la bancarrota. Tanto es así que durante la última asamblea general celebrada hace pocos días por los socios, los dueños del club hasta ese mismo día decidieron aceptar la oferta de un millonario chipriota-americano para hacerse cargo del club. La votación obtuvo un resultado favorable a la operación de aproximadamente 2/3 de los socios, que se han dejado seducir por la inyección de dinero y la promesa de fichajes de altura que pudieran hacer competir al club con el máximo rival de la capital chipriota, el APOEL de Nicosia, que paradójicamente es el equipo con mayor proyección internacional mientras representa a los elementos más reaccionarios y fascistas del país.

Tras esta polémica asamblea, la minoría más politizada de las gradas, bajo la vanguardia de Thyra9 o GATE9, ha decidido abandonar el equipo tras lo que consideran una traición a la identidad del club, ahora en manos del fútbol negocio, y empezar de cero fundando un nuevo equipo que mantenga la pureza de los valores tradicionales del club bajo el nombre de Omonoia 1948. El nuevo equipo tuvo su primera asamblea general antes de ayer y comenzará a jugar en las categorías inferiores del fútbol chipriota la nueva temporada.

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En una pequeña entrevista que hemos tenido con Angelos, un histórico seguidor del Omonoia y militante comunista en AKEL, nos contaba así su apreciación de lo que está ocurriendo: “Esta triste situación es el resultado de una mala gestión desde hace muchos muchos años, pero también fruto de las necesidades del fútbol moderno, que está destruyendo todo lo que amamos del fútbol no sólo en Chipre, sino en todo el planeta. Desafortunadamente, no hay espacio para lo que queremos, un fútbol de masas, en un sistema que maneja millones de euros cada año. Incluso Omonoia tiene un millón de dólares de ingresos y gastos cada año y compite en un sistema de fútbol capitalista y extremadamente corrupto. Ahora los seguidores de Omonia estamos divididos”.

No podíamos dejar pasar la oportunidad de preguntarle su opinión personal sobre lo que habría que hacer: ¿apoyar al histórico Omonoia con sus contradicciones, en manos de un capitalista y alejado cada vez más de sus valores tradicionales, o apoyar al nuevo club, el Omonoia 1948, mucho más modesto pero fiel a los principios populares y antifascistas del club?

Angelos nos contesta: “Buena pregunta (entre risas). En primer lugar debemos tener en cuenta que el acuerdo es por 15 años. Aunque ahora exista como S.A.D., en 15 años deberá ser devuelto a sus legítimos propietarios, los socios y socias del club. Pero yo creo que la verdadera cuestión que debemos resolver como comunistas es qué tipo de deporte queremos. Yo quiero un deporte para el pueblo. Pero creo que es una utopía pensar que en el fútbol actual esto pueda ocurrir con el histórico Omonoia, desafortunadamente. Ojalá hubiera una opción viable que dijera: ¡no nos importa la Champions y toda esa mierda! ¡Quiero que Omonoia se mantenga firme en sus principios incluso si eso nos hace caer de categoría! Pero esto es algo difícil de mantener cuando el club tiene una deuda de unos 20 millones de euros. Así que, sinceramente, no tengo respuesta. Me gusta la gente que ha creado el nuevo club, pero he sido seguidor del Omonoia desde que nací. ¡Hay una lucha dentro de mí! Sigo tratando de descubrir qué es lo mejor”.

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Pese a todo, matiza: “No estoy de acuerdo en que el Omonoia original haya dejado de ser antifascista. Ser antifascista es el resultado de la gente que apoya al equipo, no de sus propietarios. ¡Hasta el Livorno está en manos de capitalistas! ¿Han dejado de ser antifascistas por ello? Si algún día veo que Omonoia se convierte en un club despolitizado les mandaré a la mierda y buscaré otro equipo al que animar”.

Así las cosas, parece imprescindible hacer un análisis de lo que supone el deporte, especialmente el fútbol por ser el más seguido en nuestros países y por su peculiaridad entre sus seguidores, y su vinculación con los valores progresistas y antifascistas. Cada vez se desmonta más el mito de que no puede mezclarse deporte y política. O lo que es lo mismo, cada vez se hace más evidente cómo la supuesta neutralidad en el deporte implica la defensa del status quo y los valores tradicionales. El apoliticismo es de derechas, también en el mundo del deporte.

En este sentido, gradas antifascistas y populares deben ser siempre saludadas con cariño, pues no podemos olvidar que si la ultraderecha avanza en toda Europa, el fútbol es uno de los pilares donde se sostiene y campa con mayor libertad y fuerza. Esto no implica que por definición tengamos que seguir a equipos de fútbol como si formasen parte del movimiento político o sindical. Pero tal vez sí como un frente de masas en el que influir en la medida de nuestras posibilidades. En la Hispano convivimos en la Peña Deportiva personas de diferentes equipos de fútbol, tan variados como el Real Madrid, Atlético de Madrid, Rayo Vallekano, Betis, FC Barcelona o Athletic Club, entre otros. En su mayoría equipos con gradas ultras repletas de homófobos, racistas y neonazis, en otros casos con gradas inequívocamente antifascistas. Pero no dejamos de ver el fútbol como ese fenómeno que nació desde la clase obrera y para la clase obrera y que, más allá del escudo que nos represente, compartimos como un entretenimiento deportivo cada vez más podrido por el sistema capitalista.

 Por eso, por pequeño que sea, movimientos en el sentido de devolver el fútbol a su esencia deben ser analizados y aplaudidos también en nuestro país. Por fin parece que nos hemos desprendido del complejo de “superioridad de la izquierda” anclada en las universidades, que consideraba el fútbol como un fenómeno para idiotas alienados, análisis a todas luces clasista que nos apartaba de nuestra propia gente. Y no hace tanto empezaron a surgir, incluso en el Real Madrid, movimientos de izquierdas como “La Franja Morada” de la que se hizo eco la prensa de masas, especialmente a partir del fallo de un tribunal a favor de la comercialización de camisetas merengues con la bandera republicana y el escudo del club sin la corona monárquica. Y desde un punto de vista más radical, también han surgido iniciativas como la del Club de Accionariado Popular Ciudad de Murcia, que busca hacer bandera del lema “Odio Eterno al Fútbol Moderno” desde la máxima pureza del concepto. En medio de estas dos formas de entender el fútbol como zona a politizar podemos encontrar al Cádiz, un equipo manejado por capitalistas pero apoyado desde las gradas, especialmente desde las más ruidosas, por grupos antifascistas.

Y este es el debate que tienen hoy nuestros hermanos chipriotas con el Omonoia. Decidan lo que decidan, participen en un club más puro o más corrompido por el fútbol moderno, la tesis debe seguir siendo la misma: no permitir que los estadios de fútbol estén exentos del debate político, la lucha contra la mercantilización del deporte, y por supuesto la defensa de los valores anti-sexistas, anti-fascistas, y progresistas.

 

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